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domingo, 19 de septiembre de 2010

19 de septiembre de 1985: ¿un día para olvidar? Un testimonio con reflexión retrospectiva (Parte V)

V

¿Qué nos dejó el terremoto de 1985?

Más allá de los números, queda claro que los sismos de 1985, dejaron una profunda huella en aquellos que los vivimos, no exageró en afirmar que TODOS en la ciudad estuvimos, por lo menos, indirectamente relacionados en todo lo que se vivió alrededor de estos hechos ya sea como testigo, voluntario, doliente, damnificado o superviviente.

Según Jacobo Zabludovsky, el terremoto de septiembre de 1985 fue el “Evento de mayor trascendencia en la historia de la Ciudad de México desde la Conquista” (Entrevista radiofónica con motivo del 80 aniversario de la X.E.W., el 18 de septiembre de 2010)

Sé que diré algo controversial, pero yo creo que el 19 de septiembre de 1985 ha sido uno de los días más trágicos que se ha vivido en este país, pero también creo que ese fue el día del nacimiento de la Sociedad Civil Mexicana, al menos un esbozo de lo que puede llegar a ser.
No había terminado de asentarse el polvo, cuando se escuchaban los gritos de los atrapados, y los gritos de los que iban a sacarlos, no he vuelto a ver en México ese unísono grito de solidaridad y organización, de hermandad. Quedaba claro que “papá gobierno” no aparecería, y que teníamos que tomar pico y pala para cavar, ahí todo el que fuera capaz de cargar una cubeta o una piedra, entraba al equipo, no importaron las etiquetas, el género, las preferencias sexuales, las profesiones, las religiones, el nivel socioeconómico, ni el color de la piel.

El 19 de septiembre de 1985, no debe de ser olvidado, todo lo contrario, debe de ser recordado, es más, el espíritu de la sociedad en esos días debería de ser revivido, deberíamos de recordarlo, deberíamos retomarlo.

¿Qué pasaría con nuestras autoridades si un día despertaran, sabiendo que no los necesitamos, que podemos resolver nuestros problemas sin ellos,  que todos estamos dispuestos a exigirles resultados, que requerimos de transparencia, que estamos para que nos rindan cuentas, que estamos conscientes del poder que tenemos como ciudadanos?

¿Qué pasaría si nuestros gobernantes se dieran cuenta de que podemos y estamos dispuestos a trabajar en equipo por un interés común, e incluso sacrificar nuestros recursos a favor de una causa?

Creo que nos tendrían miedo y ¿qué pasaría si las autoridades nos tuvieran miedo? Seguramente, actuarían, por lo menos, con más cautela, trabajarían para cuidar su chamba, para satisfacer a la Sociedad Civil, trabajarían conscientes de que el poder emana del pueblo y para el pueblo, no de los grupos de poder por y para el poder.

Yo soy de la generación del 85, y ojalá otros, que se sientan parte de esa generación, rompan la apatía, y que juntos asumamos la responsabilidad que nos corresponda y podamos diseminar y replicar aquel extraordinario ejemplo de movilización, solidaridad, trabajo e independencia.

No olvidemos lo sucedido.

E.

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